Limpiando el pasado
En plena limpieza de primavera, enfundada con sus
odiados guantes amarillos, y mareada por el tufo del amoniaco perfumado, Inma hizo
un descubrimiento que cambió su modo de entender la vida.
Una cosa peluda estaba escondida en un hueco del váter
comiéndose algo que parecía un recuerdo abandonado, sombra de lo que pudo ser
pero no existió.
– Debo haberme desmayado y golpeado la cabeza. – Se justificó Inma.
– Eso no puede ser real.
Pero lo era de verdad. Estaba ahí, entre los dientes
de un sucio roedor. Eran los restos de una fotografía con más de veinte años. En
ella ya no estaba Inma, el roedor empezó el desayuno por su cabeza. Pero si
estaba Eloy, su primer y gran amor, unos pocos días antes de su marcha.
Fijándose mas detenidamente en la cara de Eloy, Inma
vio como se perfilaban los rasgos del mensajero que todas las semanas le traía
un ramo de claveles con una tarjeta anónima que rezaba un simple: “lo siento”.
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