Ruina autodestructiva
Que se
arrime un poco más al borde de la cama cada noche hace que me parezca a un
calcetín usado, viejo y sucio. Justo lo que él pretende. Desde que un golpe de
suerte estableció su negocio como la firma más próspera de la ciudad, todo
cambió. Se hizo cruel, egoísta y mezquino conmigo, su esposa desde hace doce
años.
El
dinero ha socavado nuestro bienestar. ¡Qué necios! Anhelando las riquezas con
desmedida avidez hemos conseguido una ruina autodestructiva. Pero acaba de comenzar el juego, y mi meta es la felicidad.
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