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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Ortografía Ilustrada: "Cayó", "calló" y "callo".



Una ayuda para poder diferenciar con facilidad y sin ayuda del contexto "cayó", "calló", y "callo".






  • Definiciones:

- Cayó: Dicho de un cuerpo: Moverse de arriba abajo por la acción de su propio peso. Colgar, pender, inclinarse. Perder el equilibrio hasta dar en tierra o cosa firme que lo detenga.

- Calló: Dicho de una persona: No hablar, guardar silencio. Cesar de hablar.

- Callo: Dureza que por presión, roce y a veces lesión se forma en tejidos animales o vegetales

 

  • Ejemplos literarios:
Citas de El silencio de los corderos de Thomas Harris.



La uña, aquí había habido otra persona. En este mismo lugar había estado una mujer, una chica. ¿Dónde estaba ahora? ¿Qué le había hecho él?

A pesar del susto y la desorientación, no hubiese tardado en deducirlo. Lo cierto es que la crema hidratante para la piel fue la clave. Piel. Supo quién la tenía secuestrada. La certeza cayó sobre ella como un espanto, como una olla de agua hirviendo, y se puso a gritar, a dar alaridos, a meterse debajo del jergón, a intentar subir encamarándose por las paredes, tratando de agarrarse, arañándolas, gritando hasta que empezó a toser algo tibio y salado, manos a la cara, el dorso de las manos pegajoso, rígida en el jergón, arqueando el cuerpo de pies a cabeza, agarrándose el pelo con los puños.

  
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En la celda, Boyle aullando, sentado en el suelo, rebuscando desesperado en el bolsillo la llave de las esposas, encontrándola, dejándola caer, volviéndola a encontrar. Lecter descargó un porrazo en el estómago y en la garganta de Pembry y se arrodilló.

Boyle introdujo la llave en una de las cerraduras de las esposas, aullaba, Lecter se abalanzaba sobre él. Lecter calló a Boyle con una descarga de gas irritante y mientras este último jadeaba le fracturó el brazo con dos golpes de porra. Boyle intentó meterse debajo de la mesa, pero cegado por el gas se arrastró en dirección contraria y resultó muy fácil, con cinco certeros golpes de porra, dejarlo muerto.

 
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Tras dos meses de frotar, el doctor Lecter practicó las dos incisiones necesarias, paralelas y de unos cinco milímetros de longitud, efectuadas en sentido longitudinal a lo largo del tubo. Luego cortó el tubo de tinta en dos pedazos a dos centímetros y medio del extremo abierto y arrojó el trozo largo, el que tenía la punta, al retrete. Barney no advirtió los callos que se le habían formado en los dedos tras tantas noches de frotar.

Seis meses después, un enfermero se dejó un clip sujetapapeles en ciertos documentos enviados al doctor Lecter por su abogado. Dos centímetros y medio de dicho clip fueron introducidos en el interior del tubo y el resto fue a parar al retrete. El tubito, liso y corto, era fácil de esconder en costuras, en el pliegue de la encía, en el recto.




jueves, 5 de septiembre de 2013

Microrelato #5



Ruina autodestructiva
 
Que se arrime un poco más al borde de la cama cada noche hace que me parezca a un calcetín usado, viejo y sucio. Justo lo que él pretende. Desde que un golpe de suerte estableció su negocio como la firma más próspera de la ciudad, todo cambió. Se hizo cruel, egoísta y mezquino conmigo, su esposa desde hace doce años.
El dinero ha socavado nuestro bienestar. ¡Qué necios! Anhelando las riquezas con desmedida avidez hemos conseguido una ruina autodestructiva.

Pero acaba de comenzar el juego, y mi meta es la felicidad.

 

 

martes, 3 de septiembre de 2013

Palabra de la Semana #16


PS #16 – Insulso/a

Definición R.A.E.:
1.     adj. Insípido (falto de sabor)
2.     adj. Falto de gracia y viveza.

Definición personal:
Acción, objeto o persona que no destaca, simple e insustancial.

Sinónimos:
Vacío, Pueril, Anodino, Vano, Trivial, Superficial, Insípido, Aburrido, Inexpresivo.

Antónimos:
Saleroso, Gracioso, Expresivo, Ameno, Interesante.

Cita literaria:
Gonzalo Torrente Ballester – “El Señor llega” (Serie Los gozos y las sombras, parte 1)

Hablaba de prisa, un poco atropelladamente, como si le hubieran sorprendido haciendo algo vergonzoso. No se sentó: de pie, vuelto hacia Carlos, tapaba con su cuerpo el caballete en que había estado pintando.

Había cuadros por todas partes, grandes y chicos, terminados y por terminar, en que se repetían, con escasa variante, Cristos y Vírgenes insulsos, casi industriales. Pero si la mirada de Carlos resbalaba hacia los cuadros, fray Eugenio hablaba más fuerte, como para atraerla. Le llevó a las ventanas, le mostró la mar, el Finisterre lejano -«que a veces, en mañanas claras, se veía»-, y cuando ya no hubo nada que ver, le sacó del taller para enseñarle el monasterio y sus curiosidades. En el claustro pareció más tranquilo; dejó a Carlos que hablase y preguntase, y Carlos, advertido ya de que el fraile no quería tratar de sus pinturas, por lo que fuese, se limitó a preguntas baladíes, a palabras de compromiso.

 
Frase cotidiana:
Aunque lleve toda la vida metida entre fogones no puede evitar que sus recetas sean insulsas, siempre hace los tres mismos platos y no los cambiará jamás.