Dos fragmentos a modo de ejemplo del
magistral escritor G. A. Bécquer.
RIMA LXXV
¿Será verdad
que, cuando toca el sueño, con sus dedos de rosa, nuestros ojos, de la cárcel
que habita huye el espíritu en vuelo presuroso?¿Será verdad que, huésped de las nieblas, de la brisa nocturna al tenue soplo, alado sube a la región vacía a encontrarse con otros?
¿Y allí desnudo de la humana forma, allí los lazos terrenales rotos, breves horas habita de la idea el mundo silencioso?
¿Y ríe y llora y aborrece y ama y guarda un rastro del dolor y el gozo, semejante al que deja cuando cruza el cielo un meteoro?
Yo no sé si ese mundo de visiones vive fuera o va dentro de nosotros. Pero sé que conozco a muchas gentes a quienes no conozco.
El beso
(…)
- Pero…-exclamó
interrumpiéndole su camarada de colegio, que comenzando por echar a broma la
historia, había concluido interesándose con su relato -¿cómo estaba allí
aquella mujer? ¿No le dijiste nada? ¿No te explicó su presencia en aquel sitio?
- No me
determiné a hablarle, porque estaba seguro de que no había de contestarme, ni
verme, ni oírme.- ¿Era sorda?
- ¿Era ciega?
- ¿Era muda? -exclamaron a un tiempo tres o cuatro de los que escuchaban la relación.
- Lo era todo a la vez -exclamó al fin el capitán después de un momento de pausa-, porque era… de mármol.

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