Por favor, lee hasta el final.
Esta carta está dirigida a la preciosidad que
muchos creen inanimada. Pero yo sé que no es así. No voy a alabar tu exterior,
que es perfecto; ni tu belleza, que es imponente. Eso se lo dejo a los poetas,
halagadores de profesión. Tampoco quiero
hablarte de mí, me gusta más el “nosotros”, y a partir de ahora solo voy a usar
ese tiempo verbal.
Nosotros no tenemos corazón, y sin duda lo
parece. Ambos damos razones para pensarlo. Bajo nuestra carcasa pulcra y
perfecta estamos huecos. En cambio, nosotros sabemos que eso no es del todo
cierto. En nuestro interior hay sentimientos, pensamientos y emociones. Hay necesidades
y también miserias.
Vivimos para acompañar y dar felicidad, ese
es nuestro principio y nuestro fin. De igual modo, nos agrada sentirnos
acompañados y mimados. Somos muy parecidos, pero nosotros no somos iguales, de
eso ya te habrás dado cuenta. Quizá no se pueda formar este “nosotros”. Se
entiende a la perfección. No somos Barbie y Ken, ni Mickey y Minnie; somos nosotros
dos.
En estos días nos hemos visto más que nunca,
aunque ya nos conocíamos de las clases. Debe haber sido el sol, o puede que el
mar, lo que nos ha unido. Es fácil pensar que nuestro “nosotros” ya tiene la
etiqueta de amor de verano. Que lo
piensen los que nos vean desde fuera, aquí dentro del “nosotros” se siente que
puede llegar a ser seguro y estable.
Tal vez el “nosotros” suene difícil e
imposible dada nuestra forma y posición actual. Somos juguetes de distintos
dueños y estamos en sus manos. Además, ¿un dinosaurio y un pony? ¿Quién nos
ayudaría? No hemos sido fabricados para estar juntos. No debemos dejarnos
llevar por el pesimismo ni por las dudas. No somos los primeros el ignorar
nuestra naturaleza. No somos los primeros en buscar nuestra felicidad en
parejas que no son “compatibles” por elaboración.
¿Fugarnos? ¿Llevar el “nosotros” a otro
hogar? Quién sabe, es posible que
funcionase. Eso sí, mientras sea un “nosotros” será completo. Es la única
opción si queremos seguir hacia adelante y no dejarlo como está, teniendo en
cuenta que solo podemos vernos en las
mochilas del colegio, unas pocas tardes de juegos y en viajes ocasionales.
Creo que todo está dicho. Así que concluyo
con una petición: si no quieres formar parte de este “nosotros” no respondas a
esta carta. Si por el contrario, crees como yo, que juntos podemos conseguirlo,
reúnete conmigo este domingo a media noche junto a la ventana de la terraza. No
traigas nada, con el “nosotros” es suficiente.